Los límites, las tierras medias entre los sujetos y los objetos que forman el paisaje, así como los límites entre los paisajes mismos, se están transformando en lugares generativos de identidades y estructuras nuevas: desde lugares de separación hasta puertas para una dimensión económica, política, histórica y geográfica desconocida hasta ahora; desde herramientas de oposición hasta catalizadores de procesos de coproducción, cooperación y construcción comunitaria.

El paisaje como un sistema vivo

Desde un enfoque de cambio radical de nuestro modo de leer (analizar) y escribir (diseñar) los paisajes que nos rodean, la investigación y las intervenciones del CfGC en este ámbito se basan en una redefinición de la esencia misma del paisaje y del rol que la comunicación puede tener en él. Más allá de un enfoque estético/perceptivo, que lo identifica como un simple apoyo a las actividades del hombre, el paradigma generativo de la comunicación interpreta el paisaje como un sistema vivo: una unión de medioambiente, actividades antrópicas, infraestructuras; de redes de relaciones y conflictos sociales, de historias y tradiciones; que vive y se alimenta de las interacciones entre las varias partes, transformándose continuamente.

Un recurso complejo con infinitas posibilidades

Esto significa que la comunicación es proyecto y producto de lo que denominamos “paisaje”; tanto causa como efecto. La comunicación generativa identifica los elementos constitutivos de este sistema y las tramas características; reconoce las finalidades declaradas y las que no, las conscientes o inconsciente; y logra guiar sus fuerzas hacia lo que se considera más acorde a los objetivos.
La certeza detrás de las intervenciones del CfGC es que la relación entre el hombre y la naturaleza – los aspectos físicos, antrópicos, biológicos, étnicos, históricos y geográficos forman un paisaje (industrial, agrícola, urbano, etc.) – es un recurso complejo y con una potencialidad infinita, e impredecible siempre y cuando se logren realizar todos los enlaces activos y disponibles. Aquí está el ADN de cada paisaje presente y futuro.

La Tierra es una totalidad físico-biológica-antropológica compleja donde la vida se asoma a lo largo de la historia de la vida terrestre. La relación entre el hombre y la naturaleza no se puede concebir de forma reductora ni disyuntora.
Edgar Morin

Una buena comunicación para tejer tramas inéditas entre recursos lejanos

En los proyectos del CfGC la dimensión de las potencialidades ignoradas ofrece recursos increíbles. En este escenario, conectar aspectos lejanos entre ellos abre espacios inesperados para la creatividad, y ofrece dimensiones temporales que los hombres nunca habrían intuido: tierras medias para explorar, diseñar y construir. En estos años la nueva frontera no se encuentra más frente a nosotros, sino entre nosotros.

Hay que buscar el paisaje del futuro en tramas y conexiones inéditas, aún no creadas y prolíficas de recursos, confirmando la teoría de la complejidad. Esto vale tanto para los sujetos que forman un paisaje ya definido y reconocido, como para las relaciones entre los diferentes paisajes.

El enfoque de CfGC en el área “Paisaje como sistema vivo”

Paisajes de la complejidad

El paisaje como «parte del territorio tal como la
percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos» (Convenio Europeo del Paisaje, 2000) es uno de los ámbitos privilegiados en los que se expresa la relación entre el hombre y la naturaleza, entre natural y artificial.
La naturaleza no suele trabajar en compartimentos estancos como el hombre. Por este motivo, como afirma Morin, «la relación entre el hombre y la naturaleza no se puede enfrentar con un enfoque especialista o con conocimientos fragmentados», sino con teorías generales- la obra General System Theory de Von Bertalanffy es de 1968- que abracen la complejidad real de los fenómenos a los que nos enfrentamos día a día.
El enfoque ecológico considera al hombre y todas sus actividades como partes integrantes de las dinámicas ambientales, y reconoce en el paisaje un “sistema complejo de ecosistemas”, es decir, lo que rodea al hombre.
No es poca cosa, si se considera que a lo largo del siglo XX el paisaje ha sido percibido como algo externo y lejano al hombre, según una tendencia consolidada que divide, separa y fragmenta ámbitos que podrían fortalecerse si estuviesen relacionados.

Paisaje como sistema vivo

Para el CfGC naturaleza y cultura (paisaje físico y paisaje cultural) son la matriz desde la que evolucionan diferentes sistemas-paisajes, constituidos a su vez por elementos que interactúan y comunican continuamente entre ellos y con el ambiente externo.
Desde esta perspectiva, los últimos estudios en el ámbito ecológico reconocen que el paisaje es un sistema vivo en el que confluyen actividades antrópicas y elementos naturales que encuentran estabilidad en una interacción continua y en una constante evolución. De esta manera, el paisaje aumenta su resiliencia y su capacidad de autorregulación (autopoiesis) -o sea, su “salud”- aumentando los recursos a disposición del sistema, ya sean actividades industriales o manufactureras, agrícolas, culturales o fenómenos naturales.

Una buena comunicación para la salud del paisaje

El paisaje, visto como un sistema vivo, se aleja de la idea de panorama o de apoyo para las actividades humanas, y se transforma en un sujeto socioeconómico y cultural activo que cambia (y debe cambiar continuamente) creando relaciones inéditas entre sujetos que no habían trabajo juntos hasta el momento, y volviendo a combinar relaciones ya existentes.

Para garantizar una interconexión eficaz dentro del sistema-paisaje y una estabilidad sistémica duradera, la comunicación debe ir más allá de su rol tradicional (transmitir información a través de canales unidireccionales hacia un público preestablecido) y sacar partido a la hora de crear redes y sistemas.

Desde esta perspectiva, la comunicación generativa tiene un rol fundamental junto a instituciones, entidades y asociaciones para diseñar y gestionar las intervenciones sistémicas sobre el paisaje (urbano, agrícola, humano, cultural, etc.). Su tarea será identificar nuevos recursos, trabajar sobre las relaciones que puedan surgir entre estos medios u otros, apoyar estrategias de desarrollo intersectorial y favorecer el reparto de recursos y competencias interdisciplinares, mientras respalda la transferencia tecnológica y sostiene el desarrollo y la consolidación comunitaria en materia de intereses y recursos a través de actividades de mediación y gestión de conflictos entre las partes.

Entre la dimensión física y simbólica: leer y escribir los paisajes

Antes que las interpretaciones físicas, geográficas, sociales o económicas, los paisajes pueden leerse (analizarse) como el resultado de acciones realizadas por el hombre a lo largo del tiempo y como las marcas y los símbolos que una sociedad y su cultura han ido dejando en un espacio geográfico.

Durante años, el hombre se ha ido adaptando a los paisajes, interactuando con los recursos disponibles, cultivando su biodiversidad, interpretando el contexto y valorizando sus vocaciones (Genius Loci) para escribir nuevos lugares en los que vivir, trabajar (interpretación física) e identificarse (interpretación simbólica).

El paisaje simbólico y físico están conectados profundamente: el imaginario de un sujeto y las representaciones sociales de una comunidad dirigen la gradual transformación del paisaje que los rodea. Al mismo tiempo, el sujeto y su comunidad se adaptan a ese ambiente, extraen los recursos y se identifican en él, midiendo su calidad de vida y la excelencia de sus producciones con las excelencias paisajísticas que los representan. La interpretación simbólica escribe la física y, al mismo tiempo, la interpretación física nutre y guía la simbólica. Esto es aún más evidente en una región como la Toscana donde la excelencia empresarial ha sido capaz de valorar al máximo su entorno, vinculando la calidad de sus productos y el imaginario de sus paisajes.

La habilidad de lectura del paisaje se enlaza directamente con la capacidad del sujeto de reconocerse como actor social, que pertenece a una determinada comunidad de intereses y sus recursos, y a un determinado territorio con una serie de valores compartidos. De esta forma, el paisaje se transforma en el resultado de una escritura colectiva y consciente, en un texto social basado en hombres, cosas y relaciones.

De la comunicación del paisaje a la común-acción en el paisaje

Una “buena” comunicación -generadora de nuevas uniones entre ideas y cosas- es la herramienta ideal para evidenciar las profundas relaciones que unen el paisaje y la acción del hombre. No solo se trata de un medio de promoción de un lugar/producto, sino de una comunicación vista como una herramienta de lectura y re/escritura consciente. Una comunicación en el paisaje, que no una comunicación del paisaje, penetra en las relaciones que constituyen la realidad, sobrepasa las relaciones consolidadas entre los recursos de su entorno e identifica nuevas posibilidades. También se ocupa de diseñar nuevas configuraciones espaciales -culturales, económicas y sociales- y se opone a la natural deriva de las escrituras inconscientes y a sus procesos degenerativos.
Surge un aspecto problemático: la escritura/transformación del paisaje es algo que ocurre inevitablemente. El hombre, ya sea un agricultor, silvicultor, un empresario o un ciudadano, escribe y transforma el paisaje que lo rodea a través de infinitas acciones de las que, a menudo, no es consciente.
En este caso, comunicar significa compartir un proyecto común, construir juntos una nueva realidad que responde a las necesidades sociales, económicas y culturales según una visión común de la realidad. Es la común-acción de un grupo de personas, de una comunidad de intereses, de aprendizajes, actividades y recursos unidos por un proyecto de paisaje (físico y cultural), un proyecto de vida, in primis. La comunicación se debe utilizar para fortalecer su visión y su comunidad, generar y compartir conocimientos, unir recursos y competencias lejanas entre ellas, transformar nuevas tecnologías y soluciones innovadoras en común (I+D).